miércoles, 21 de octubre de 2015

Memoria Social

¡Qué desperdicio de materia y cuánto derroche de energía resulta ser todo aquel individuo estúpido cuyo propósito en la vida no se encuentra definido! Similar a la función de una polea ciega que gira sobre su propio eje, así la naturaleza limita al estúpido a desempeñar las tareas más miserables sin que aquel tome conciencia de ello, puesto que la pobreza de espíritu y estrechez de pensamiento son características inherentes a su persona.

Así pues, va por el mundo convencido de que "él" es absolutamente necesario dentro del intrincado mecanismo de la vida, sin darse cuenta de que sus absurdos y ridículos actos dejan al descubierto en todo momento su miserable índole moral e intelectual, lo cual se asemeja a un infierno en vida, del que es víctima y gusta de serlo, ya que dentro del círculo de las personas vulgares, la ignorancia es necesaria, aplaudida e incluso premiada.
La gran masa tiene ojos y oídos... pero no más, carece de criterio y adolece de memoria, esa memoria social y colectiva tan necesaria para terminar, o al menos limitar, los errores que han marcado de forma permanente la historia del hombre.

Y hablando de errores, por favor observen y escuchen a este discapacitado capilar mientras intenta con desesperación salir bien librado de la entrevista.



El pobre de espíritu lo es también en inteligencia, sabiduría y discernimiento, aunque todo esto lo compensa con “su buena voluntad” y su "vocación de servicio social".

¿Cómo es que dice el juramento?... "...¡y si no lo hiciere así, que la nación me lo reclame!"... algo por el estilo. Pero no te preocupes pelón, la nación perdona y si no, al menos olvida.

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